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Guía

No tienes poco deseo. Probablemente tienes otro tipo de deseo

Una de las consultas más repetidas en sexología no es un problema sexual. Es una mujer que llega convencida de que algo se le ha apagado, porque ya no le aparecen las ganas de la nada. Casi siempre no se ha apagado nada: está midiendo su deseo con un modelo que nunca fue el suyo.

El modelo que todos aprendimos era incompleto

Durante décadas el deseo se describió como una secuencia lineal. Primero aparecen las ganas, luego la excitación, luego el orgasmo. Es una descripción razonable de cómo funciona el deseo en bastantes hombres y en muchas mujeres al principio de una relación. El problema es que se convirtió en la definición de lo normal, y todo lo que no encajaba pasó a considerarse falta de algo.

A principios de los dos mil, Rosemary Basson propuso un modelo distinto, circular. La secuencia empieza en un punto neutro: no hay ganas, pero hay disposición. Llega un estímulo, que puede ser una caricia, una conversación, una escena de una serie o simplemente la decisión consciente de empezar. El cuerpo responde. Y solo entonces, con la excitación ya en marcha, aparece el deseo.

Es exactamente el mismo recorrido, en otro orden. Se llama deseo receptivo, y en mujeres es al menos tan frecuente como el espontáneo.

Por qué esto importa más de lo que parece

Importa porque cambia la pregunta. Con el modelo lineal, quien no siente ganas previas concluye que no desea a su pareja, o que le pasa algo. Con el modelo circular la pregunta correcta es otra: ¿había estímulo suficiente, había contexto suficiente, había tiempo suficiente para que el cuerpo llegara primero?

Y cambia también el diagnóstico. Esperar ganas espontáneas que no van a venir produce evitación. La evitación reduce las ocasiones de estímulo. Menos estímulo significa menos excitación, y por tanto menos deseo receptivo. El círculo se cierra hacia abajo y la conclusión final, falsa, es que el deseo ha desaparecido. Lo que ha desaparecido es la entrada al circuito.

Lo que sí conviene descartar antes

Nada de lo anterior sirve como explicación universal. Hay causas físicas y farmacológicas que sí bajan el deseo de forma real y que conviene mirar antes de trabajar sobre lo psicológico:

  • Anticonceptivos hormonales, en algunas personas y no en otras.
  • Antidepresivos ISRS, cuyo efecto sobre deseo y orgasmo está bien documentado.
  • Cambios hormonales de postparto, lactancia y perimenopausia.
  • Dolor. El dolor con la penetración no es un problema de deseo, es un problema de dolor, y tiene su propio recorrido clínico.
  • Agotamiento sostenido, que es probablemente la causa más frecuente y la que menos se nombra.

Si hay dolor o si el cambio fue brusco y sin motivo aparente, la conversación es con un profesional sanitario, no con una tienda.

Qué hacer con esto en la práctica

Tres consecuencias que se pueden aplicar sin ayuda de nadie.

Dejar de esperar la señal de salida. Si tu deseo es receptivo, la señal no va a llegar antes. Empezar sin ganas y ver qué pasa no es forzarse: es la forma en que funciona ese circuito. Con una condición que no es negociable, y es que puedas parar en cualquier punto sin que eso sea un problema para nadie.

Cuidar el contexto antes que la técnica. En deseo receptivo el contexto no es decorado, es el estímulo. Cansancio, prisa, ruido y la posibilidad de que alguien entre por la puerta pesan más que cualquier producto.

Alargar la fase previa mucho más de lo que parece necesario. Es el ajuste con más efecto y el que menos cuesta. La excitación necesita tiempo, y el deseo llega detrás de la excitación.

Dónde encaja un producto, si es que encaja

Aquí somos una tienda y conviene decirlo sin adornos: un producto no crea deseo. Lo que puede hacer, y no es poco, es aumentar la intensidad y la fiabilidad del estímulo, que es justamente la entrada del circuito.

Un succionador de ondas de presión funciona bien en este esquema porque acorta el tiempo hasta una respuesta física clara, y esa respuesta es lo que dispara el deseo receptivo. Un lubricante quita de la ecuación la incomodidad, que es el motivo más frecuente de que una fase previa se corte antes de tiempo.

Ninguna de las dos cosas arregla un contexto que no funciona. Si el problema es que no hay tiempo ni intimidad, comprar algo no lo va a resolver, y preferimos que eso lo leas aquí antes de pagar.

Contenido informativo. No sustituye el criterio de un profesional sanitario y no atribuye a ningún producto una finalidad curativa.

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