Guía
El clítoris mide unos nueve centímetros y casi todo está por dentro
Casi todo el mundo puede señalar el clítoris en un dibujo. Casi nadie ha visto uno entero dibujado, porque durante la mayor parte del siglo veinte los atlas de anatomía lo representaban como un punto. Es un órgano de unos nueve centímetros, y lo que se ve por fuera es más o menos la décima parte.
Qué hay, pieza a pieza
El clítoris tiene cinco partes y solo una asoma.
El glande es la punta visible, del tamaño aproximado de un guisante, aunque el rango entre personas es enorme. Está cubierto por el capuchón, un repliegue de piel que continúa con los labios menores y que en unas personas lo tapa por completo y en otras casi nada. Esa diferencia no es un detalle: explica por qué el mismo movimiento que a una le resulta perfecto a otra le resulta insoportable.
Hacia dentro, el glande se continúa en el cuerpo, que sube un par de centímetros y gira sobre sí mismo formando un ángulo. Del cuerpo salen dos raíces, o pilares, que se separan como una uve invertida y se pegan a la rama del hueso púbico a lado y lado. Miden entre cinco y nueve centímetros cada una. Y por debajo, abrazando la abertura vaginal, hay dos bulbos de tejido eréctil que se llenan de sangre con la excitación.
Es tejido eréctil en casi toda su extensión. Con la excitación aumenta de volumen, cambia de posición y se vuelve más firme, exactamente igual que ocurre en el pene: los dos se forman en el embrión a partir de la misma estructura, el tubérculo genital, y se diferencian después.
Por qué no lo aprendimos así
No es que la información no existiera. Es que se publicó y se dejó de publicar. Ediciones de referencia de mediados del siglo veinte reducen el clítoris a una nota o directamente lo omiten de las láminas de la pelvis, mientras el pene aparece en corte, en sección y en tres vistas.
La descripción moderna y completa se la debemos sobre todo a la uróloga australiana Helen O'Connell, que en 1998 publicó la anatomía del complejo a partir de disecciones y en 2005 la confirmó con resonancia magnética. Y en 2009 los franceses Odile Buisson y Pierre Foldès consiguieron algo que hasta entonces no se había hecho: ecografiarlo en una mujer viva, en reposo y durante la estimulación, y ver cómo se mueve.
Dicho de otro modo: la anatomía completa de este órgano se describe con precisión veintitantos años antes de que se escriba esto. No hace falta remontarse a la Edad Media para explicar el desconocimiento.
Los ocho mil terminaciones nerviosas, y de dónde salía esa cifra
La frase circula en todas partes: el clítoris tiene ocho mil terminaciones nerviosas, el doble que el pene. Es una cifra que nunca se midió en un clítoris humano. Se arrastraba de una extrapolación antigua a partir de tejido animal, y se repitió durante décadas porque sonaba bien y nadie la comprobó.
En 2022 un equipo la midió de verdad, contando fibras nerviosas mielinizadas en el nervio dorsal del clítoris a partir de tejido de siete personas. El resultado fue de unas diez mil doscientas fibras, es decir, por encima de la cifra famosa. La corrección importa menos por el número que por lo que dice del campo: la afirmación más repetida sobre este órgano estuvo cuarenta años sin verificar.
Dos cosas que no se miden y deciden mucho
Hay dos variaciones anatómicas normales que casi nadie nombra y que explican buena parte de las diferencias entre personas.
La distancia entre el glande y la abertura de la uretra. Se mide en centímetros y varía bastante. Es el dato con el que se ha relacionado de forma más consistente la probabilidad de llegar al orgasmo solo con penetración: a mayor distancia, menos probable, porque el estímulo indirecto llega peor. Es una medida corporal, del mismo tipo que la longitud del fémur, y no dice absolutamente nada sobre nadie.
Cuánto tapa el capuchón. En unas personas el glande queda descubierto y en otras no asoma ni con la excitación. Eso cambia por completo qué tipo de estímulo resulta placentero y cuál resulta insoportable, y explica por qué el mismo consejo funciona para una persona y es inútil para otra. Con un capuchón que cubre mucho, la presión a través del capuchón suele funcionar mejor que cualquier intento de contacto directo.
Cómo cambia con la edad, que tampoco se cuenta
El tejido eréctil del clítoris responde a los estrógenos, así que la bajada sostenida de la menopausia afecta al volumen que alcanza con la excitación y a la rapidez con que lo hace. En la práctica eso significa que hace falta más tiempo de estimulación para llegar al mismo punto, no que se haya perdido nada.
Es un dato útil precisamente porque desmonta la lectura habitual. Necesitar veinte minutos donde antes bastaban cinco no es una señal de que el deseo se haya apagado: es la misma respuesta con otra pendiente. Lo que sí conviene mirar en consulta es el dolor, que no es parte del proceso.
Qué cambia esto en la práctica
Tres cosas, y ninguna es teórica.
La zona útil es más grande que el punto. Si las raíces recorren el hueso púbico y los bulbos rodean la entrada, la presión sobre el monte de Venus, sobre los labios mayores o sobre la zona pegada al hueso no es un rodeo antes de llegar a lo importante: está tocando el mismo órgano por otra cara. Mucha gente que describe la estimulación directa del glande como demasiado intensa funciona bien con presión a un par de centímetros de distancia.
El famoso punto G se explica mejor así. La zona sensible de la pared frontal de la vagina, a unos cuatro o cinco centímetros de la entrada, no es una estructura independiente que unos anatomistas encuentran y otros no. Coincide con el sitio donde el cuerpo y las raíces del clítoris, la uretra y la pared vaginal quedan pegados. Por eso se nota más cuando ya hay excitación, que es cuando ese tejido está lleno de sangre, y por eso la búsqueda en frío suele terminar en decepción.
Lo que se ve no predice lo que se siente. El tamaño del glande visible no dice nada sobre la sensibilidad, y la distancia entre el glande y la abertura vaginal, que varía bastante entre personas, se ha propuesto como una de las razones por las que la penetración funciona sola en unas y no en otras. Es una diferencia anatómica, no un déficit.
Dónde encaja un producto
Con la anatomía delante, la elección deja de ser una lista de nombres comerciales y pasa a ser una pregunta de dos partes: sobre qué parte del órgano quieres actuar y con qué tipo de estímulo.
Un succionador de ondas de presión trabaja sobre el glande sin tocarlo, lo que va bien cuando el contacto directo resulta excesivo. Un vibrador de motor grave transmite a través del tejido y alcanza el cuerpo y las raíces, que están debajo. Una pieza curva y firme busca la pared frontal, o sea, el complejo del que hablábamos antes.
Son tres estímulos distintos sobre un mismo órgano. Que uno no funcione no dice nada sobre los otros dos, y desde luego no dice nada sobre quien lo probó.
De dónde sale lo que acabas de leer
Conviene poder comprobarlo, porque en esta categoría circulan cifras que nadie midió nunca:
- La descripción completa del órgano, con sus raíces y sus bulbos, procede del trabajo de la uróloga Helen O'Connell, publicado en 1998 a partir de disecciones y confirmado en 2005 con resonancia magnética.
- Las imágenes del órgano en movimiento, en una persona viva y durante la estimulación, son de la ecografía publicada por Odile Buisson y Pierre Foldès en 2009.
- El recuento de fibras nerviosas es de un estudio de 2022 sobre el nervio dorsal del clítoris, con tejido de siete personas, que dio alrededor de diez mil doscientas fibras. La cifra de ocho mil que se repite desde hace décadas nunca se midió en un clítoris humano.
- La relación entre la distancia glande-uretra y el orgasmo con penetración viene de una serie de trabajos que arrancan de las mediciones de Marie Bonaparte en los años veinte y que se han replicado con métodos modernos.
Si alguna de estas afirmaciones deja de sostenerse, se corrige aquí y se dice que se ha corregido. Es más barato que tener razón siempre.
Contenido informativo. No sustituye el criterio de un profesional sanitario y no atribuye a ningún producto una finalidad curativa.